Arte para trascender

Jesus Oliver-Bonjoch


El arte tiene que ver con la dimensión espiritual del ser humano desde el principio de los tiempos. Aquellas primeras creaciones humanas que nosotros identificamos como obras de arte, fueron realizadas para procurar una imagen a los primeros pensamientos abstractos que iban surgiendo en la mente de nuestros antepasados, cuando comenzaron a hacerse preguntas y a buscar respuestas. Y en el preciso instante en que, sin ser conscientes, empezaron a trascender y a interpretar la realidad que percibían con los sentidos, comenzaron a diferenciarse de los otros primates.

Desde entonces, la tarea de los artistas ha sido y es la de traducir conceptos e ideas a un lenguaje que pudiera ser captado directamente por nuestros sentidos y asimilado como una emoción, antes de ser racionalizado por nuestra mente. Convertir una idea o un sentimiento en algo tangible; en una imagen, en una sucesión de sonidos armoniosa, o incluso en un sabor o un olor; esta es la función del arte y la tarea prodigiosa de los artistas. Por eso creo que la función de los profesores de Historia del Arte debería ser ayudar a los otros a despertar, a abrir los poros de los sentidos, y enseñar a utilizarlos como nuestros antepasados, para conectar directamente con el lenguaje artístico. Aprender a apreciar el arte significa, pues, aprender a observar, a abrir bien los ojos y a ver, a escuchar, a palpar y, también, a oler y a saborear.

A lo largo de los siglos, muchos artistas han creado obras para provocar emociones que desvelasen el anhelo de trascender en el alma de quien las contempla, como la pintura mural que muestra la fotografía que ilustra este texto. Fue realizada por la artista irlandesa Phoebe Anna Traquair (1852-1936) en el interior de una iglesia de Edimburgo (Catholic Apostolic Church, en East London Street); representa el momento en que un ángel va a alertar a las diez vírgenes (Mateo 25,1-13), y simboliza el despertar del espíritu.

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