Viaje al interior o el gran viaje pendiente

J. M. Molas

Termino esta serie de viajes, intentando acercarnos al gran viaje pendiente, el viaje que podemos hacer cada uno, cuando tengamos un poco de calma y voluntad, y nos situemos en el lugar y en la hora adecuada para descubrir el gran secreto de nuestra vida. No se trata de comerse el coco, ni enfrentarse con uno mismo, que ya estamos cansados de pelear tantas veces con el vecino y con nuestros pensamientos, con nuestras frustraciones y debilidades. Se trata de ir más allá.


“No necesitamos viajar a países lejanos para disfrutar del cielo azul. Hasta el aire que respiramos puede ser una fuente de felicidad” 

Thich Nhat


El viaje al interior, siempre aplazado… No solo vamos a hablar, pensar o sufrir por la política, la economía o el futbol… Queremos, en definitiva, ser felices, y tener buenas experiencias. Buscando experiencias felices, podemos caer en la bebida. El vino puede ayudar, acompañar en un momento dado. En pequeñas dosis es un buen caldo. En grandes dosis tiene tanto peligro como cualquier otra bebida alcohólica. De otras drogas, no voy a hablar. No las conozco y dan más problemas que consuelo. Entonces, ¿a que me refiero? Sabemos lo que es la relajación, en verano o en fin de semana es más fácil. Horas sin estrés, sin tensión, intentando disfrutar de nuestra afición preferida. Pues, además de la relajación, viene la meditación, lo cual yo diría que es una asignatura pendiente. Sobre ello se puede hablar mucho, yo voy a hacer una pequeña aportación para este viaje especial.


Cuando hay una inquietud espiritual, en el sentido que sea, hemos de darnos cuenta que las religiones conocidas, primero, no tienen el monopolio de la espiritualidad. Segundo, nos han llenado la cabeza de ritos, dogmas y costumbres, y se olvidan lo principal.

Para entender la meditación, hay que mirar, otra vez a Oriente. Aprender de los maestros orientales. Algunos dirán, si ya tuvimos los místicos san Juan de la Cruz y santa Teresa, del siglo s. XVI, pero pueden parecer referencias lejanas. Hemos de mirar y aprender de nuevo de Oriente, no solo a la hora de comprar su modernos móviles o televisores de última tecnología, también son maestros en el conocimiento interior, de las técnicas diversas que se derivan de las escuelas de yoga, de las grandes tradiciones, y que los psicólogos actuales, como Daniel Goleman, etc., están adaptando al mundo occidental. Ocurre que el mundo occidental, y hablo en general, se está consumiendo por el consumismo disparado y el materialismo. La religión católica no tiene teología inteligible o atractiva, se mantiene básicamente por su acción asistencial y solidaria. Nos queda abrir de nuevo la mirada a Oriente, donde conocen los estados alterados de conciencia, sin el recurso de las drogas. No se trata de buscar otra religión, ni de aprender ritos exóticos.


La meditación conocida a través del zazen se veía complicada y difícil, puesto que se basaba en pasar muchas horas en posturas difíciles y con mucha disciplina. Actualmente, y a través de las adaptaciones que ha divulgado el maestro Osho, la meditación se puede alcanzar en diversos momentos por técnicas sencillas. Solo conviene mantener la espalda recta. Pero veamos que nos dicen los maestros. Para Pablo D´Ors, sacerdote católico, “meditar es hacer silencio, permanecer en el centro”. Para el maestro oriental Osho, “a Oriente pertenece la principal fuente de la ciencia que puede transformar nuestras vidas internas”. Entrando en materia, la meditación es, en esencia, el arte de ser consciente, de darse cuenta de lo que sucede en tu interior y a tu alrededor. Hay muchos métodos para ayudar aprender a ser consciente. Sigue diciendo Osho: “la meditación es una aventura, una aventura hacia lo desconocido. La meditación consiste simplemente en ser, ser sin hacer nada, sin acción, sin pensamiento, sin emoción. Simplemente eres, y ello es puro gozo. ¿De donde viene ese gozo si no estás haciendo nada? No viene de ninguna parte, o viene de todas partes. No tiene causa, ya que la existencia está hecha de esa sustancia llamada gozo”. Al yogui hindú Osho (Bhagwan Shri Rajnish, 1931-1990) se le atribuye una gran labor de divulgación de técnicas muy variadas asequibles a la mentalidad occidental. Por ello se le ha considerado como uno de los hombres más influyentes en el siglo XX, si bien hay aspectos polémicos en su biografía.

Por último, para Jack Kornfield, doctor en psicología clínica, e introductor del budismo en Occidente: “Meditar significa contemplar de un modo amable y bondadoso nuestra vida y descubrir la manera de despertar y liberarnos... Meditar es descubrir nuevas posibilidades y despertar la capacidad de vivir de un modo más sabio, amoroso, compasivo y pleno”.


Fotografia: Vinaire’s blog

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