El Árbol del Conocimiento

J. Oliver-Bonjoch


Este año os felicito la Navidad y el año nuevo con mi propia versión del Árbol del Conocimiento, una imagen alegórica de la sabiduría presente en culturas y civilizaciones de todos los rincones de la Tierra. La Navidad coincide con la celebración ancestral de la victoria de la Luz sobre las tinieblas, y la búsqueda de la sabiduría se describe simbólicamente como un camino que lleva hacia la iluminación. Aunque creo que la verdadera sabiduría también se encuentra fuera de los libros y tiene que ver con la capacidad de amar, con ‘mi’ árbol he querido expresar la diversidad de fuentes del conocimiento. Por eso, entre las raíces ‘hambrientas de conocimiento’, he dibujado diversos tipos de soportes de la escritura que pertenecen a civilizaciones representativas de todas las épocas y de todos los continentes.

Al mismo tiempo me adhiero al 7º centenario de Ramón Llull, quien utilizó este árbol alegórico para explicar visualmente sus planteamientos metodológicos, tan útiles para el progreso del pensamiento europeo. El Árbol de la Ciencia de Llull es, precisamente, el emblema de la institución donde ha crecido y madurado mi vocación docente a lo largo de los últimos quince años, y donde también he tejido firmes lazos de afecto y amistad con compañeros y exalumnos. Pero, al hacer memoria de Llull, también hago memoria de mi abuela mallorquina, que fue la primera persona que me habló de él, como de tantas otras cosas relacionadas con Mallorca que le gustaba contarnos a mi hermana y a mí. De hecho, los antepasados catalanes de mi abuela llegaron a la isla en la misma época que lo hicieron los padres de Ramón Llull, así que quien sabe si ambos árboles genealógicos se conectaron en algún momento de los siete siglos que han transcurrido desde entonces...