Espiritualidad genuina (de signo naturalista)

Teresa Costa-Gramunt

Llum de la Selva (Luz de la Selva) se llamaba Isidre Nadal Baqués, y fue de las pocas personas que pudo llevar a cabo la vida de eremita que él escogió. Con mi amiga Anna M. Balil Gilart, oncóloga, y ya fallecida, conocí a Llum de la Selva en 1969 o 1970. Vivía con su compañera Carmen en el Jardín de la Amistad, un huerto en las afueras de Sabadell, que cultivaba él mismo. Era vegetariano y no comía nada cocinado. Con tres amigos, fue el fundador, en 1925, de la Sociedad Catalana de Naturismo, la primera de España. Yo lo conocí en su condición de seguidor de la no-violencia de Gandhi. Nos había hablado de él un discípulo directo de Gandhi, Lanza del Vasto, fundador de la comunidad del Arca, que lo había visitado muchas veces en su huerto de Sabadell. Eran amigos. 


Habiendo bebido primero de las fuentes anarcosindicalistas del momento (fue seguidor del pedagogo Ferrer Guardia), habiendo viajado por España y Europa, y habiendo leído muchísimo, el espíritu de Llum de la Selva fue evolucionando hacia una espiritualidad genuina de signo naturalista y pacifista que le acercaba al universo de Gandhi. Se dice que incluso mantuvo correspondencia con León Tolstoi, otro gandhiano, el cual, desde otras circunstancias, también pudo llevar la vida que eligió. Lo recalco porque las sociedades son muy restrictivas. Este tipo de singularidad y marginalidad es privilegio de muy pocos y siempre sostenido por un pequeño círculo de personas, como también fue el caso de Lluís M. Xirinacs.

Nacido en la noche de Reyes de 1877, Llum de la Selva, que huyó del orfanato a los catorce años, siempre decía que había sido abandonado como el pequeño Moisés, en una cesta que se encontró en el puerto de Barcelona. Llum de la Selva murió muy viejo, poco antes de Navidad (23 de diciembre de 1983), a los 106 años. Fue enterrado como quería: junto a un ciprés, entre olivos y con una túnica blanca y sin ataúd, 'así las flores nacerán antes'.

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