La hoja de ruta de la mística

Gonzalo Haya de Fe Adulta

Consideremos el punto de llegada de nuestra hoja de ruta. En ella está escrito con letras indelebles “Destino: Dios”. Mejor dicho, vamos a tratar de un anticipo de nuestro punto de llegada, porque la experiencia mística es un anticipo del destino que nos espera en el proyecto de Dios.

Primero veremos brevemente en qué consiste la experiencia mística, y luego trataremos de “gustarla” mediante el testimonio, asombrosamente coincidente, de místicos de todos los tiempos y de todas las culturas o religiones. Ellos han tenido una experiencia de Dios y han tratado de transmitirla en el limitado lenguaje humano que podemos entender.


LA EXPERIENCIA MÍSTICA

La mística no consiste en fenómenos como la levitación, llagas o transverberación. La mística es la toma de conciencia ”de un contacto tangencial con la eternidad” (Raimon Panikkar); es caer en la cuenta por un momento –no resistiríamos más de un momento- de que ya estamos unidos, integrados, en Dios.

La mística no es el culmen de la santidad ni del amor; la mística solamente es una experiencia sensible de nuestra interioridad sagrada. Se puede vivir en plenitud el amor de entrega con toda naturalidad, sin ser conscientes de ello, como le ocurrió al buen samaritano (Lc 10,25-37) y al agnóstico del juicio final (Mt 25,31-46); incluso un ateo confeso puede tener una experiencia mística, como atestigua el filósofo Comte-Sponville (“El alma del ateísmo”).

A la mística se puede llegar por la vía afectiva –el esposo, las florecillas- o por la vía intelectual (una inteligencia intuitiva, holística, no-dual, que supera la fragmentación y las contradicciones de lo racional). Normalmente se llega a través de un proceso de purificación, de desapego de nuestros egoísmos, venciendo la resistencia de nuestro yo (vía purgativa), pasando para un periodo de iluminación (vía unitiva), para sentirse integrado en la plenitud (vía unitiva).

La experiencia mística puede ser confundida con estados alterados de la conciencia psicológica, incluso con actitudes de vanidad u orgullo. Jesús nos ofreció criterios muy certeros para distinguir entre la falsa y la verdadera espiritualidad: la parábola del fariseo y el publicano, y la del buen samaritano.

Para algunos el criterio que garantiza su autenticidad sería la transformación que realiza en la persona, y su efecto en la compasión por los demás. Simone Weil decía que ”para saber si una persona ha tenido verdaderamente una experiencia de Dios, me fijo en cómo habla de los hombres”. Y nuestro hermano Francisco: ”hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha”. Es lo que se ha llamado ”La mística de ojos abiertos”.

La mística es una experiencia, y la mejor manera de aproximarse a ella es escuchar “Las voces de los místicos” (Javier Melloni), que podemos seguir a través de las tres etapas progresivas.


TESTIMONIO DE LA MÍSTICA UNIVERSAL

Es un conocimiento supra-racional

• Hombre, si quieres expresar el ser de la eternidad, primero has de privarte del lenguaje (Silesius)

• Entréme donde no supe, / y quedéme no sabiendo, / toda sciencia trascendiendo (San Juan de la Cruz)

• “Todo aparece como si fuera la primera vez, sin conceptos, sin determinación” (Hölderlin, poeta alemán s. XVIII-XIX)

• Descubrimos que más allá de todas las concatenaciones discernibles, hay algo sutil, intangible e inexplicable.

Vía purgativa

• “Antes de ser capaces de escuchar esa Voz, hay que pasar por un largo y muy severo aprendizaje; y, cuando es la voz interior la que habla, es inconfundible” (Gandhi)

• “Piérdete en la Unidad y serás absorbido por ella”; “Destrúyete a ti mismo por el fuego para llegar antes que nadie hasta Él” “y te precipitarás (hacia ÉL) como la mariposa en medio de las llamas” “alcanzaron la inmortalidad después de aniquilamiento” (Fadir al-Din Attar, poeta persa s. XIII)

• “Dios mío, si te he adorado por miedo al infierno, quémame en su fuego. Si te adoro por deseo del paraíso, prohíbeme entrar en él. Pero si te he adorado solamente por ti, entonces no me impidas ver tu rostro” (Râbi’a al’Adawiyya)

Vía iluminativa 

• Bendito seas Padre porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y se las has revelado a los humildes.

• Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé (san Agustín)

• Dios no es justo. Es amor sin límites (Isaac el Sirio, s. VII)

• Cada uno de nosotros es la forma a través de la cual Dios se revela (Ibn Arabi)

• Dios es un rompecabezas gigante, en el cual cada uno de nosotros somos piezas diminutas. Si lo ves como es, todas las piezas encajarán de golpe en su sitio (Tukaram)

Vía unitiva 

El Padre y yo somos uno. (Jn 14,9; 10,30 y cogieron piedras para apedrearle)

• ”Yo soy la realidad” “Tu espíritu se ha mezclado con mi espíritu; ahora yo soy Tú mismo. Entre Tú y yo / hay un soy yo que me atormenta / apártese de nosotros mi soy yo” (Al-Hallaj)

• Cuando se quita el barro, el agua queda limpia. Cuando se desvanece la irrealidad (el ego) se muestra el Ser eterno (Shankara)

La No-dualidad

• Teresa de Jesús, totalmente ortodoxa y realista, en la séptima morada de su Castillo interior experimentaba que el alma se unía a Dios: ”Es como si un arroyico pequeño entra en la mar, ya no habrá remedio de apartarse; o como si en una habitación estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz: aunque entra dividida, se hace todo una luz”.

La experiencia mística es un anticipo de la unión definitiva en la plenitud de Dios. Los que recibieron este anticipo han dado su testimonio para avivar nuestra esperanza.


Fotografía: Gemma Costa

2 comentarios:

Teresa Costa-Gramunt dijo...

La experiencia mística no está fuera de nosotros sinó en nosotros, en efecto, cuando dejando el ego de lado le abrimos paso.

Siddharta dijo...

¡Maravillosa recopilación! Te felicito. Un abrazo