Salvador Pániker (1927-2017)

Agustín Pániker

Dos días antes de su fallecimiento, llegaron a casa de Salvador Pániker los ejemplares de su obra casi póstuma: Adiós a casi todo. Y, así, pudo completar el círculo que lo mantuvo en pie el último año de su vida. En sus meses postrimeros no hizo otra cosa que leer, escribir y corregir. En repetidas ocasiones había dicho que su escritura era una forma de auto-terapia.

Ante todo, Pániker fue un hombre alérgico a la superficialidad, lo mediocre y lo banal. Léase su obra periodística y de ensayo, rememoren sus modales, las casas que hizo construir y habitó, escuchen su canon musical, sus ideas políticas y apolíticas. Sin duda, su inclinación por lo profundo, lo complejo o lo bello entronca con una personalidad hipersensible, una innata vocación filosófica y su consabida genealogía híbrida.

Su espontaneidad literaria y su filosofía de vida brotan de la sensación de maravilla (la thaumázein de los griegos) cuando nota que se ecualiza –ya de niño– con las suites de J.S. Bach o el Chopin que interpretaba su madre (por cierto que sus escritos sobre música constituyen algunos de los más exquisitos fragmentos literarios que nos ha regalado), al reflexionar sobre la paradoja del Ser o el no-Ser, o a propósito de su dios-cómplice (una disminución intimista del defenestrado Dios-Padre). Tiene asimismo que ver con la fascinación por aquellos ojos verdes (de quien sería su esposa, Nuria), la tierna complicidad con sus hijas y la recurrente preocupación por sus carencias de salud. La filosofía panikeriana de la complejidad, la hibridez, el pluralismo y la retroprogresión tiene que ver con todo eso. Y más.

La realidad es multidimensional, sostenía Pániker. Las cosas no pueden reducirse a causas últimas (religiosas, físicas, metafísicas, económicas, psicológicas…). De ahí su radical pluralismo. Un enfoque que reconfigura permanentemente su ángulo de visión de suerte que le permite canalizar su vena escéptica y a la vez mística; en otras palabras, plasmar su apabullante lucidez y sensatez intelectual. De donde su “agnosticismo místico”, como él gustaba designar; que trasluce al desertar –tras su crisis existencial de principios de los años sesenta–, de las iglesias establecidas y las ideologías en boga. Salvador lo contó en muchas ocasiones: “Mientras mis colegas descubrían la lucha de clases, yo descubría que era medio indio”.

A medida que transcurren los años, se aleja de formulaciones absolutas y de las grandes mayúsculas de las que aborrecía: Dios, el Estado, la Nación, el Logos, el Progreso, la Perfección, etcétera. Ya no hay grandes síntesis y narrativas. La auto-terapia literario-intelectual ha funcionado. Su estilo se torna más poético, gana en ironía y finura intelectual, perfecciona su prosa entrecortada y directa. Filosóficamente, combina pragmatismo y no-dualismo. Y derrocha sentido del humor. Por todo ello, la intelectualidad hispana siempre lo miró con cierta desconfianza.

Al fin y al cabo, la miopía imperante ha visto con incomprensión a aquellos que, como Salvador, hurgaron en la ciencia o en las tradiciones contemplativas de eso que llamamos “Oriente”. Para él, sin embargo, es precisamente en el abordaje advaita (no-dualista) donde se insinúa el origen; es decir, la forma de ver y estar en el mundo previas a la “fisura” (la ruptura con la no-dualidad originaria). De donde su interés por la antigua espiritualidad hindú y su cercanía al pensamiento pre-socrático. Como otros intelectuales de su generación, Pániker buscaba en el encuentro entre Oriente y Occidente una cierta reconciliación entre la corriente racional-científica de la Ilustración y la vena poético-espiritual del Romanticismo. Este diálogo alimenta su filosofía, en especial su innovador concepto de retroprogresión, con el que puede superar reduccionismos y binarismos y aunar ese “plus” de trascendencia.

Este mismo motor permeó su faceta empresarial, al crear Editorial Kairós en 1965, que marcaría una línea pionera en el mundo de habla hispana. O su acción y posicionamiento políticos. Salvador escribió mucho acerca de la cosa pública y el estamento político. Pero siempre renegó del rancio franquismo, de la militancia de izquierda y de -ismos más recientes.

A tientas, con las contradicciones inherentes a su pasmosa complejidad, condicionado por sus déficits neurovegetativos, su no disimulada vanidad, su innata sed de trascendencia, Salvador trató de llevar su filosofía al día a día. Improvisando. Con los años, el entrecejo fue relajándose, estuvo de vuelta de muchas convenciones, incluso cuando daba rienda suelta a su instinto seductor (otra manera de proseguir con su relato). Con todo, nunca abandonó uno de los compromisos sociales a los que se afanó de forma más concienzuda: la acción en favor de una muerte digna y la eutanasia.

Nuestra deuda intelectual con Pániker es inmensa. Por momentos, yo mismo no discierno si lo que pienso lo pienso yo o –espejeando a la mariposa del sueño del maestro Zhuang– es Salvador que lo piensa a través de mí.

Agustín Pániker junto a su padre Salvador.

La contracultura de Salvador Pániker

Salvador Guasch

Encontré y conocí a Salvador Pániker recogiendo frutos de los años 60, llenos de las inquietudes contraculturales de las que él se hizo portador en las ediciones de su editorial Kairós. Fue a finales de los años sesenta, cuando Luis Racionero estaba en la Universidad de Berkeley, en el Oeste americano, y yo en el Este en la Universidad de Harvard, en el 68 y 69, después del mayo francés y de la revolución hippy. En la capilla de Cambridge, en Harvard, me encontré con Raimon, sacerdote y hermano de Salvador. También tuve un profesor excelente, Harvey Cox. Todo ello mientras se estaba cociendo un nuevo amanecer lleno de esperanzas apocalípticas y de cambio de valores.

Cuando volví a Cataluña a finales del 69 inicié el contacto directo con Luis Racionero que había llegado de Berkeley. Valorando su visión me abrió a sus nuevas actitudes y me ayudó en temas personales. Al mismo tiempo estuve en contacto con Pániker, un hombre de síntesis, amante de la dignidad que explicitó y concretó a través de su apuesta por la muerte digna. Los tres, muy interesados en un mundo contracultural que vivíamos intensamente, nos abrimos por diversos caminos hacia nuevas metas.


Recojo y sintetizo ideas que últimamente han aparecido en la prensa de Cataluña y que transcribo a continuación.

El origen de Salvador fue mestizo, hijo de indio y catalana. Era de ciencias y de letras, ingeniero y filósofo, profesor y escritor; fue editor y diputado efímero. Esas dualidades hicieron que buena parte de su trayectoria estuviera presidida por la idea de tender puentes: entre Oriente y Occidente, entre distintas ramas del pensamiento. Como editor, fundó y dirigió mucho tiempo la editorial Kairós, atenta a los amplios mundos que a él mismo le interesaban desde el pensamiento oriental a la contracultura. La herencia india es esencial en su pensamiento, como lo fue en el de su hermano Raimon y continúa siéndolo en el de su hijo Agustín.

En su obra de escritor destacan los libros de memorias y diarios: Primer testamento, Segunda memoria, Cuaderno amarillo, Diario de otoño y Diario del anciano averiado. Otros títulos son elocuentes sobre sus preocupaciones: Los signos y las cosas, La dificultad de ser español, Conversaciones en Cataluña, Conversaciones en Madrid, Filosofía y mística o Ensayos retroprogresivos.

La retroprogresión, era importante en su pensamiento: una conciliación de contrarios, típica del pensamiento oriental, con la que pretendía aunar mística y racionalidad. Aunque el pensamiento oriental le enseñara la conveniencia de superar el ego, en sus libros más personales no solía mostrar el vicio de la modestia, en materia sexual, por ejemplo, aunque sí tuviera la discreción de referirse a sus amantes sólo con una inicial. El erotismo era esencial en su vida y en esos libros confesionales. Sólo en el erotismo, decía, encontraba la incandescencia de fondo, sólo en la intimidad encontraba la trascendencia este hombre que se declaraba agnóstico y místico a la vez, probablemente también en la música, en Bach.

Pániker ha muerto a tiempo de ver cómo una de sus largas batallas, la del derecho a morir dignamente, se abre paso. Él confesó haber ayudado a morir a algunas personas que se lo pidieron. Vitalista que reconocía el nihilismo, pensaba que la vida estaba para ser vivida antes que para encontrarle un sentido.

Una entrevista de hace unos años en este periódico, ponía el acento en algunas contradicciones de Pániker. La defensa del mestizaje unida a la necesidad de un cierto control de la inmigración; su carácter libertario y contracultural y su moderación política. O la presencia de la enfermedad como compañera de su vitalismo y su optimismo. La enfermedad, decía, era un necesario correctivo para su narcisismo. Era, en fin, místico y competitivo a la vez. Sostenía que había que dedicar la segunda parte de la vida a la destrucción o superación del ego que debía haberse construido en la primera mitad. Hizo de la curiosidad intelectual una bandera y un recurso contra los estragos de la vejez, lo que le permitió asomarse a la décima década de su vida, lúcida y despierta. Su estilo literario era directo, nada florido, seco y penetrante. Aleixandre lo definió una vez: era un poeta que no sabía que lo era.


Foto: Marina Vilanova.

Hospitalidad y espiritualidad transcultural



La Hospitalidad
Chema Castell

Como marco general en el que encuadrar la hospitalidad, hay que considerar tres actitudes básicas: la ética, la espiritual y la política. Todo ello dentro de un contexto social de hostilidad, que hoy se da en distintos niveles.

La hospitalidad en las tres grandes religiones monoteístas es un imperativo categórico, no sólo personal, sino social que tiende a ser ley. Inicialmente es una invitación personal, a grupos y a toda la sociedad, a abrir sus puertas físicas y mentales al forastero; acción que les descubre nuevos horizontes y que tiene una dimensión política, porque es una acogida que reconoce derechos y ciudadanía. Para iniciar este proceso de acogida, es necesario el trabajo interior de convertirse como persona, familia o grupo, en “tierra de acogida” que reconoce y hace suyas las necesidades del otro. Ese proceso dicho ha de hacerse hoy en un contexto de hostilidad, racismo y xenofobia que está creciendo debido a varios factores principales:

La globalización en un mundo muy interconectado y con una gran desigualdad en todos los niveles. Estas circunstancias producen un efecto combinado de expulsión-llamada que incrementa los fenómenos de movilidad humana en el mundo. Sin entrar en datos precisos, se puede evaluar en más de 200 millones las personas que emigran y/o se desplazan voluntaria o forzadamente en el mundo de hoy. De entre estos los desplazamientos forzados alcanzan los 65 millones y con condición de refugiados más de 20 millones. Este fenómeno se da en un mundo, que carece de fronteras para algunas cosas (como la comunicación e información, las mercancías, los capitales…), pero está vallado y lleno de muros físicos, mentales y sociales que pretenden frenar a los emigrantes.

La multiculturalidad que se nos impone en nuestras sociedades como un hecho consumado y conflictivo, tiene que resolver el desafío de convertirse en “interculturalidad, es decir lograr una síntesis superior, nueva y mejor, conseguida desde el respeto a la diversidad. En España el establecimiento de la multiculturalidad ha sido muy rápido (de 10 a 15 años), y ha generado respuestas de hostilidad como en otros países, aunque de menor intensidad que en Francia, Holanda, EEUU etc… Y El miedo que alimenta la hostilidad y el discurso de la defensa de lo mío frente a lo tuyo (nos invaden, atacan nuestra identidad, no caben…); discurso interesado y falaz que al parecer proporciona buenos rendimientos políticos a determinados intereses que lo fomentan.

La respuesta alternativa de la Hospitalidad, apuesta por un camino de superación de las dificultades a través de varias actitudes:

1. Reconocer al otro su dignidad de persona en la convivencia diaria. Se quiere al emigrante sólo como mano de obra barata, coyuntural y sin derechos ni capacidad de exigir; se le ve chocante e incómodo por sus diferentes costumbres que se contemplan desde una pretendida superioridad. Pero las etiquetas interesadas caen con el acercamiento: el roce hace el cariño se dice y con el roce cotidiano se descubre al “otro” como persona fundamentalmente igual a nosotros. El encuentro personal con el vecino nos hace cambiar los estereotipos, limar las diferencias y respetar las desencuentros profundamente arraigados. Este encuentro personal es el punto de partida de todo.

2. Interesarnos por la situación de vulnerabilidad del “otro” e implicarnos con ella. ¿Por qué está así?¿Qué he omitido o hecho para consentir su situación?¿Cuales causas están tras ella?

3 y 4. Abrir puertas físicas y mentales. Hacerlo nos supone un apreciable esfuerzo porque es acogerlos en nuestra intimidad que ha de agrandase para hacerse común. Una buena acogida no puede reducirse a la mera tolerancia o a resolver las necesidades básicas de comida y techo. Significa cuidar al “otro” como persona en todas sus dimensiones y especialmente en las de encuentro entre iguales. Esa acogida nos transforma a partir del momento de producirse, como bien refleja el relato bíblico del encuentro de Abraham con los forasteros divinos en Mambré, encuentro que le abre un nuevo futuro al patriarca y su familia.

5. Conectar con experiencias propias de ser acogido o rechazado. Ambas experiencias nos conforman como personas y a través de ellas podemos mejor conectar empáticamente con la vulnerabilidad y dependencia de los migrantes y marginados.

6. Dejar a disposición del “otro” un espacio interior y/o físico. Lo difícil es abrir nuestra intimidad desprendiéndose de prejuicios y miedos que sólo disipan la convivencia y la escucha. Ambas cosas realimentan la comprensión, el encuentro personal, la acogida y el aprecio mutuo.

7. Dejar surgir vínculos afectivos comunes. Estos construyen un “nosotros” permanente que trasciende el discurso del odio basado en la distinción entre “ellos” y “nosotros”.

La Hospitalidad plena pretende crear un espacio común e integrador, derribando los muros interiores y exteriores que se han venido levantando. La espiritualidad aporta a esta tarea la convicción de que toda la tierra es de todos, abierta al extranjero y no es nacional. Tanto en la tradición judía como en la islámica, encontramos el mandato “Fui extranjero y me acogiste”, mandato basado en su experiencia histórica.

Por último debemos tener presente que la Hospitalidad plena se despliega en lo público y político. De hecho la postura de colectivos que defienden la acogida, en contraposición a posturas restrictivas defendidas por los gobiernos, constituyen hechos políticos. La sociedad difunde y construye actitudes y criterios que a la larga sostienen o imponen políticas; por tanto se puede considerar un trabajo pre-político basado en valores. Por ello para conseguir una Hospitalidad plena, no debe descuidarse el pedir al gobierno que propicie los valores que fomenten la solidaridad.

Resumiendo podemos decir que la Hospitalidad nace en lo personal, madura en lo comunitario y colectivo, y se plenifica en políticas completas de acogida. Por tanto esta es la hoja de ruta que hay que plantearse desde el principio; y también desde el inicio hay que darle la importancia que tiene el hacer pedagogía pública para contrarrestar el racismo y xenofobia que interesadamente se difunde en nuestra sociedad. Incluso en nuestros ambientes cotidianos hay valores de solidaridad que no se deben dar por supuestos y fronteras y muros invisibles que hay que derribar.

Para contrarrestar las actitudes hostiles con la Hospitalidad, es efectivo enfrentarlas tanto en los medios públicos, como en las conversaciones privadas con: ejemplos concretos de Hospitalidad y convivencia cercanos; argumentos bien articulados; y datos de fuentes fiables. En Sevilla como ejemplos concretos podemos citar:

La campaña Hospitalidad.es que se centra en cuatro puntos: 1. Mantenimiento de un espacio habitacional de acogida, convivencia y acompañamiento; 2. Análisis de las causas que provocan los desplazamientos y promoción de la cooperación internacional; 3. Pedagogía y comunicación; 4. Propuestas de cambio de las políticas públicas.

Proyecto Berakah. Mantiene La Jaima, un espacio con vocación de hospedería, convivencia y encuentro, cuya aportación principal abunda en esto último conseguido por la actividad de cuatro grupos centrados respectivamente en: una fuerte espiritualidad, la Justicia, la hospitalidad y la cultura. Como ampliación próxima se proyecta la habilitación de una residencia en Dos Hermanas con capacidad para 15 plazas; estando el convenio de cesión ya formalizado, y quedando sólo arbitrar la fórmula económica que garantice su funcionamiento.

Proyecto Mambré de CVX apoyado por Claver y los órganos del Sector Social de la Cía de Jesús que han cedido el espacio original. Conexionado con este proyecto está el ofrecimiento de ocho familias, dispuestas a constituirse en familias de acogida,

Aparte de estos proyectos podemos añadir sin ser exhaustivos otros espacios de acogida como la Casa Betania, Talita Kum enfocada a la mujer.

Finaliza proponiendo para el trabajo de reflexión en grupo estas preguntas: ¿Qué significado tiene la hospitalidad para mi vida y la de mi comunidad? ¿En qué situaciones concretas me siento llamado a construir puentes y derribar muros? ¿Cómo puedo realizar una pedagogía eficaz sobre la hospitalidad?

Fuente en el patio de los naranjos de la Catedral de Sevilla,
testimonio de la antigua mezquita.

La Espiritualidad Transcultural 
Juanma Palma

La exposición constará de dos partes: la primera centrada en la espiritualidad de la frontera; la segunda más específicamente dedicada a la Espiritualidad Transcultural y finalizará con un breve epílogo descriptivo del proyecto Berakah.

La primera parte está basada en los relatos de experiencias con carácter espiritual de los propios migrantes, (que principalmente proceden de tradiciones cristianas y musulmana), y se centra en tres momentos: su salida, el camino y la frontera. Estos relatos componen un libro de próxima aparición que los recoge, así como las experiencias de quienes les ayudan y acompañan en momentos de ese itinerario, practicando la llamada “mística de los ojos abiertos”; concepto reciente que se aplica a la vivencia del encuentro con el “otro” desde el respeto y la escucha hasta casi rozar lo inefable.

La espiritualidad de la salida está íntimamente unida a una compleja mezcla antropológica y psicológica, ligada a la grave decisión de dejar el contexto social, cultural, lingüístico y relacional que rodea en su tierra a toda persona. La dimensión espiritual de esta decisión radical, queda reflejada ya desde el relato bíblico de la llamada a Abraham. Allí queda patente el impulso imperativo “Sal de tu tierra…” y la promesa que se atribuye a la divinidad, de alcanzar una tierra y una vida mejor. Este impulso se vive con gran fuerza cuando se unen los deseos de búsqueda, humanos y sagrados, que se refuerza con señales externas, razones respetadas y el convencimiento de contar con la ayuda de Dios.

En el momento siguiente a la salida encontramos la espiritualidad del camino. Desde siempre el camino tiene un sentido religioso y espiritual profundo en todas las tradiciones. Es un lugar privilegiado para la manifestación del Dios/Misterio y una dura, transformadora e imborrable escuela de vida.

Las referencias en la tradición judeo-cristiana son múltiples y se resalta en ellas el encuentro con Dios. En el Islam la tradición sufí es la que las trasmite mejor en sus relatos, e incide especialmente en el abandono confiado en Alá en los momentos límites. Podemos concluir que impulso esperanzado y abandono en Dios, conforman la contradictoria síntesis de la espiritualidad en esta etapa.

El desierto (aquí incluso físico) tiene un lugar prominente en todo camino; y en África supone una encrucijada dramática que se cobra numerosas vidas, hecho que queda en la sombra debido a la magnitud de los muertos en el Mediterráneo. Pero si nos ceñimos sólo a lo espiritual, es conocida la hondura de la experiencia de desierto, que nos enfrenta directamente con la nada y lo divino. En la mística sufí encontramos hermosos textos que nos trasmiten esa experiencia de encuentro.

La tercera experiencia clave es la frontera. En lo espiritual se traduce en un sentimiento de abandono por un Dios ausente, “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? Este sentimiento lo amplia tanto la frustración y la impotencia, como el hecho de encontrarse muy cerca de la meta largamente perseguida. La experiencia pascual de muerte y resurrección es continua en la frontera; como en el Salmo 21 la rebeldía del cristiano termina casi siempre en la confianza esperanzada y paralelamente el musulmán se refugia en el abandono en la divinidad. Ambas respuestas son necesarias para evitar el sinsentido vital de la aventura sin retorno que emprendieron en su día. En esas circunstancias de drama, la alabanza es algo constante y espontáneo en el migrante, siendo usual igualmente en el camino y en la frontera el diálogo interreligioso y la desaparición de barreras; superadas y minimizadas frente al sentimiento de hermandad entre compañeros de camino, que celebran conjuntamente, si bien resignificando los símbolos que utilizan.

De esta realidad podemos concluir, que las barreras religiosas desaparecen cuando nos encontramos en situaciones crítica que nos llevan a una cumbre emocional/ espiritual, lo cual nos confirma la posibilidad y la esperanza de que es posible la superación de dichas barreras para encontrar tras ellas un territorio común.

La “mística de los ojos abiertos” nos proporciona un testimonio de asombro ante la profunda espiritualidad del migrante, y de su fe esperanzada. Ambas le mantienen a pesar de unas circunstancias adversas que superarían a cualquiera, y de una sensación de completa impotencia que fácilmente les podría conducir al desistimiento de sus objetivos. En las terribles experiencias que viven saben encontrar el duro aprendizaje de la docilidad ante los dictados de la vida, e interiorizan que el destino del hombre está en manos de un Misterio superior e insondable. En la entrega a Él y en el acatamiento de este orden superior encuentra la paz interior. Ante tales testimonios de calidad humana nos sentimos comprometidos a acompañarlos como creyentes en este itinerario vital y a colaborar para que no pierdan esta fe y esta esperanza adquiridas tan duramente.

Pasamos tras esta conclusión, a la segunda parte de la exposición: ¿Qué es la Espiritualidad Transcultural? Es una espiritualidad que para conseguir la paz mundial, le da una importancia fundamental a esta dimensión del hombre y al diálogo entre espiritualidades de raíz cultural e histórica diferentes.

En los ámbitos seculares no se le da la importancia que tiene a la espiritualidad del migrante, ni al espíritu de trascendencia que hay en el fondo de todo ser humano. Consecuencia de esto es considerar como amenaza la diversidad espiritual, cuando en realidad es una riqueza que se debe de cuidar. Siendo conscientes de ese sentimiento de amenaza, el primer objetivo a perseguir, es el desterrar el recelo ante unas tradiciones religiosas que difieren de nuestras creencias. Hay que considerar al “otro” y a todo su bagaje como Buena Noticia; lo cual va mucho más allá de la tolerancia y va en busca de una transreligiosidad y transculturalidad para descubrir una nueva identidad que comprenda lo que tenemos en común que es mucho. En la práctica se traduce en privilegiar espacios donde la transespiritualidad sea dominante, para profundizar la identidad básica común a la luz de los textos de los mejores místicos de cada confesión religiosa o camino de espiritualidad.

Encontramos pues dos líneas de acción importantes: La incursión sin miedos en el terreno del “otro”, y el experimentar lo que sentimos al dejarnos llevar por sus tradiciones. El conjunto de las dos nos lleva a deconstruir las propias creencias y a purificarlas. Pero hay otro reto mayor porque aún en ambientes no religiosos, aumenta hoy la inquietud hacia lo espiritual. El desafío está en partir desde ahí para caminar juntos en busca del espacio místico común, de la esencia común. Para ello hay que desterrar toda sospecha y dejar que el encuentro en el silencio nos descubra todas las dimensiones fundamentales de lo humano que compartimos. Para alcanzarlo es preciso descubrir un constructo ético común superando lo que Melloni llama la “difícil alteridad” que nace de una Historia en la que las religiones se han puesto al servicio del choque de civilizaciones y de la aniquilación del “otro”.

La diversidad de cosmovisiones religiosas aporta ricas perspectivas en un momento histórico propicio para un nuevo encuentro con Dios, con nosotros mismos y con el planeta. Un tiempo de crisis que puede ser fecundo para crecer al abrirse a ser fecundado por el “otro”. Un cambio hacia la humanización de las personas que creemos ya se está produciendo aunque no sea evidente. Si perdemos el miedo a desdibujar los contornos de nuestra identidad podemos encontrar al “otro” con toda su riqueza. No se trata de abandonar la esencia de la propia tradición espiritual, sino tan sólo de sus contorno; pues al trascenderlos encontramos el Misterio común que subyace tras de ellas. Cuanto más profunda es la experiencia mística en cada tradición, mayor es su apertura a la vivencia común del Misterio que a todas las supera.

En el camino hacia el otro podemos distinguir varios momentos:

El primero se corresponde con la salida a la intemperie, motivada por el deseo de búsqueda fuera de los contornos que conforman nuestra identidad.

El segundo es el momento de encuentro con el otro, momento que nos altera y atemoriza, si por ser claramente diferente a nosotros, pone en cuestión elementos que asimilamos con nuestra identidad. ·

El tercero es la escucha del otro que conduce a la empatía personal, la cual permite disipar los prejuicios que nos alejan y suprimir las barreras ficticias culturales y religiosas que nos separan. Para conseguir esto último debemos conseguir una identidad “porosa” y abierta a comprender que la diversidad del otro nos trae algo de Dios

El último momento es una vuelta a casa enriquecidos por la experiencia del encuentro con el otro alcanzado en un nivel superior.

El encuentro así alcanzado produce en nosotros tres efectos principales: a) La purificación de nuestros apegos y creencias infundados, secundarios y obsoletos (por ejemplo el aferramiento a signos y costumbres que innecesariamente nos separan); b) La fecundación y complementación entre tradiciones espirituales diferenciadas ( por ejemplo las orientales aportan una valoración del cuerpo, del silencio y la aceptación pasiva, muy superior a las occidentales que privilegian la libertad, la dimensión intelectual y la profética; c) La consolidación de síntesis – no de mezclas sincréticas inestables y carentes de criterios-, que logran superar las diferencias y contornos identitarios iniciales.

Finalmente diré que para poner en práctica cuanto he dicho, nace a partir de una experiencia interconfesional de frontera, el Proyecto Berakah que antes se mencionó brevemente. Este proyecto aparte de intentar atender necesidades concretas habitacionales, de integración etc… privilegia la atención a la dimensión espiritual del migrante y el encuentro a través de la convivencia, el silencio compartido, la oración en común y los talleres.


Esta IV Jornada de Reflexión de “Voces cristianas de Sevilla” se celebró el pasado 24 de Febrero interviniendo como ponentes:

Chema Castell que expone el tema de “Hospitalidad”. Historiador ligado hace tiempo a los movimientos sociales, es actualmente el responsable en Andalucía del proyecto Hospitalidad.es de las organizaciones del Sector Social de la Compañía de Jesús.

Juanma Palma que expone el 2º tema “La Espiritualidad Transcultural”. Licenciado en Teología, Ex Delegado diocesano de Migraciones, Máster en Espiritualidad Transcultural, y actual impulsor del proyecto Berakah.